martes, 2 de octubre de 2018

Lo que sientes no puede verse desde aquí.

No te preocupes, besaré primero. Aunque me diese miedo, aunque me temblase hasta el alma, besé primero, me acerqué a ti y te sostuve entre mis manos, tu carita linda entre mis torpes manos. Y te besé, con todo lo que eso trajo consigo, con todo el amor, los momentos buenos y los malos, los difíciles y los complicados. Pero ante todo los bonitos.
Y nunca me cansaré de amarte, de quererte a cada instante, de sentir por ti cada uno de estos sentimientos revoltosos que siento en mi interior.

No voy a negar que lo he pasado mal en ocasiones, hemos tomado decisiones difíciles, hemos tenido que tomarlas a pesar de muchas cosas pero aun con todo... seguimos juntos. Nada nos separó. Nada pudo romper este amor.

Y ahora miro atrás y pienso en como has cambiado mi vida en estos últimos casi siete meses y me doy cuenta de que no podía haber elegido mejor a la persona con la que compartir el resto de mis días. No quiero pasarme de cursi, pero desde luego mi vida cobró sentido el día que te conocí, empecé a darme cuenta de un montón de detalles, de regalos que me estaba dando la vida y no disfrutaba porque me emperraba en sufrir por gente que no valía la pena.

Me has costado mucho de encontrar, como si toda mi vida hubieras estado ahí. Cuando vivía en La Freixa, cuando entré en Mazinguer a ver los pops un día que pasé por allí, cuando iba a la Grieta y finalmente cuando fui a la VimanGo. Te escondías en las esquinas, dejando un rayo de luz por donde pasabas, dejándome con la sensación de que algo me estaba esperando y que estaba apunto de pillarlo, pero aun no sabía bien el que.

Y me enamoré de tus lunares... de cada uno, me enamoré de tu sonrisa, de tus bromas, de las palabras bonitas y las promesas cumplidas. Me enamoré de tus abrazos, de esos besos de película sin guión, me enamoré hasta de tu maldito desorden, porque aun en el me seguías encontrando a mi. No me buscaste, no te busqué, pero entre toda la multitud tu fuiste mi luz, yo fui tu camino. Y cuando nuestros nietos nos pregunten si dudé alguna vez si te amaba diré orgullosa que jamás tuve ni la más mínima duda de que eras el amor de mi vida. La persona adecuada, el elegido.

No puedo dejar de pensar en la suerte que tuve de encontrarte, en el regalo tan grande que me dio la vida para compensar tantas putadas que me hizo. Tu fuiste la recompensa de cada lágrima caída.

Será que estoy enamorada, o que nada podía ser mejor, pero he tomado la decisión de llevar un poco más lejos la promesa de quererte para siempre, me he tomado el derecho eterno de jurarte mi amor, y aquí y ahora te lo demuestro.

Siempre tuya, ante todo, María José Prim Pazó.



No hay comentarios:

Publicar un comentario