Me besó, le besé, me fundí, se murió. El sol tenía una sonrisa para mi y el día tenía un algo especial. Bajó por mi cuello hasta acariciarme con sus carnosos labios rojos de tanto besarle. Una sensación nueva a cada respiración, a cada caricia, a palabra de amor... Se escaparon algunos "te amo" entre el edredón y nuestros cuerpos desnudos. Más tarde vinieron las risas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario