Allí estaba ella, reluciente, con su vestido blanco y gris apunto de abrir la puerta. Colocó una mano en ella y aguardó un segundo, quería llorar. Repaso rápidamente su vida y se dio cuenta, se acabó, se lo merecía. Golpeo la puerta y allí estaba Angel, con esa sonrisa en la cara que enamoraría a cualquiera. La besó y la invitó a pasar. Al principio hubo revuelo, preguntas y mil personas... pero cuando todo se tranquilizó se dio cuenta... Solo era una familia de verdad.
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