Estaba ya cansada de notar el horrible peso y mal estar del amor sobre
mi espalda. Echaba en falta las noches locas por las discotecas y los
botellones donde a veces te encontrabas miradas chillonas que te pedían
un poco de ti, por una noche. Era una vida tan dulce como la piel del
ligue de esa noche, y tan sana como el humo del último cigarrillo que
apagaste en tu copa de hielo con ron.
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