jueves, 13 de septiembre de 2012
Postal.
Era una tarde corriente. Una pequeña brisa marina oleaba las ramas de los árboles y el atardecer creaba una imagen de esas que sueles comprar en una tienda de recuerdos.
Mi historia de verano había acabado, con todos sus recuerdos, sus besos, momentos inolvidables y tonterías que dentro de dos semanas ya no estarían en mi memoria. Pude notar como la piel se me erizaba por última vez antes de escuchar el grito de mi madre de fondo.
-Shopie! Al coche, o pillaremos atasco- Gritaba haciéndome un gesto desde el interior del automobil.
Cogí mi bolso lleno de conchas y observé por última vez mi postal de vacaciones. Respiré hondo intentando quedarme con la fragancia de aquel pequeño sueño y entré en el coche con la esperanza de volver, aun sabiendo que el dolor me impediría volver a observar sus calles, caminar por sus mares, morir en sus amaneceres y resucitar en sus anocheceres.
Cerré los ojos y lo último que escuché fue el ruido del motor en marcha, al abrirlos ya estaba lejos. Ya era de noche, y mi ojos comenzaron a quedarse ahogados entre los recuerdos de sus labios acariciando los míos.
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