martes, 25 de diciembre de 2012

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La lluvia caía sobre mi piel, me acariciaba. A su vez, mis lágrimas rasgaban mis megillas. Comencé a gritar, el dolor era demasiado intenso, y mi cuerpo demasiado débil. Necesitaba respirar, pero mis pulmones se cerraban, morían, y mi corazón iba a su compás. Mis piernas fallaban y caí. Caí hondo, caí dolorsamente en una espiral de odio y dolor. Y cuando dejé de vivir, cuando mi voz se rompió llegaste, llegaste tu. Una especie de fuerza me elevó, me llevó a las nubes, sentí un pequeño impulso en mi pecho y de rponto ahi estaban, mis latidos, mis risas. Te acercaste. Y pude notar como quedaba atrás todo el dolor.

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