lunes, 3 de diciembre de 2012

Te voy a contar la historia más bonita del mundo.

El bus se paró, había llegado a Vigo. Después de nueve meses esperando ese momento con ansias ahora me preguntaba "¿Estoy preparada?". Me sentía tonta y como si eso fuese poco me comenzó doler la barriga por los nervios. Era el momento. Sabía que este día cambiaría por completo nuestra relación y nuestras vidas, y solo dependía de nosotros si para bien o para mal. Se abieron las puertas y pude verle de espaldas a mi autobús. Me temblaron las piernas, me asusté. Se dió la vuelta y su mirada se cruzó con la mía, de pronto sentí un escalofrío por todo mi cuerpo que me dejó conjelada frente a el. Se acercó poco a poco y respiré ondo, intentando no echarme a llorar, pero tras sentir el dulce calor de su pecho y sus brazos rodeando mi piel no pude aguantar esas lágrimas escurridizas en mis ojos y comenzaron a recorrer mis megillas. Alcé la viste y le miré, con su cara de tonto enamorado y una sonrisa de oreja a oreja, no tardé en sujetar sus megillas timidamente con mis manos dejando posar sus labios sobre los mios. Abrí los ojos y ahí estaba el. Nueve meses de espera que habían valido la pena, lo sabía.
Me abrazó fuerte y creí que las nubes nos rodeaban mientras el me hacia volar y llegar más alto que el cielo y la luna. Comenzamos a caminar el uno al son del otro, dando pasos al compás, mirándonos de reojo. Yo no era capaz de alzar la vista del todo, no quería que viese lo horrible que soy, no quería cometer fallos. Los nervios me podían y comencé a acelerar el paso sin darme cuenta de ello. De pronto sentí un tirón en el brazo que me llevo hasta su regazo. Noté el paraiso por unos segundos, me miró serio y me pidió tranquilidad, justo lo único que no podía ofrecerle esa fría tarde de otoño. Aun con eso, inenté ser yo misma, con mis gritos, tonterías y locuras indispensables para una tarde de risas. Algo que, a primera vista, pareció gustarle.
Tras caminar 1 kilómetro y 15 metros nos encontramos en el castro. La punta más alta de la ciudad, un anitguo castillo de la época medieval donde principes y princesas habitaban hace siglos y ahora, sin más, allí ibamos. Dos tórtolos enamorados el uno del otro comportándonos como marido y mujer. Recuerdo haber escuchado un "vamos princesa" y sentirme de nuevo alzada hasta las nubes. Al llegar al palco observamos la ciudad. Comenzó a sonreír dulcemente al mirar el mar desde el mirador; sus veleros, el puente y las tres pequeñas islas que se perdían en el horizonte. Un grupo de turistas se acercaron a nuestro lugar privilegiado, y tras maldecir su existencia unos segundos decidimos irnos a otro lugar. No sin antes sacar unas fotos y hacerle notar las caricias de mi amor sobre sus labios. Cogió mi mano y le guié el camino al centro de la ciudad, eramos completamente felices y sinceros, y por una vez no solo le sentía cerca... le tenía aquí.
Pasamos por Principe, una calle abarrotada donde un dulce olor a bollería nos arrastró hasta un pequeño puesto de gofres. Me compró uno a mi y otro a el, eran de un dulce sabor que me recordaba a nuestro amor. Mi gofre, cubierto de una montaña de nata por encima, manchó mi pequeña nariz respingona. El me miró, se rió. Fue bonito el momento en el que se acercó a mi y besó mi nariz para limpiarme con sus labios, tal vez demasiado para ser real , y fue entonces cuando comencé a dudar "¿No será esto solo un sueño?".
Llegamos al hotel y comencé a vaciar mi maleta. Mientras colocaba mi ropa en el armario me abrazó por la espalda y me dió un dulce beso en el cuello tras apretar fuerte mi cuerpo contra el suyo. Nos queríamos era algo obvio en mi opiniòn, pero no me importaba seguir demostrándolo a cada momento un poco más. Me ofreció ver "Moulin Rouge", mi peli favorita, tumbados en la cama, con la única condición de no soltarle ni un segundo. Nos descalzamos y comenzamos a ver la película entre besos y arrumacos. Pero necesitabamos un poco de acción en esta situación así que me puse de pie y corrí hacia el baño encerrándome en el. Cuervo no paraba de llamar a la puerta preguntandome sin parar que ocurría. Quité el pestillo y abrió la puerta sin saber que le esperaba con un arma letal en mis manos, el secador a máxima potencia apuntando hacia su cara. Le despisté y corrí hacia el pasillo del hotel como alma que lleva el diablo y el tras de mi cual dinosaurio hambriendo gritando "graw, ven Bakali! ven!" Me escondí en las escaleras del corredor y cuando vi que el había cogido el camino equivocado pensando que me habría ido hacia el lado izquierdo delhotel comencé una nueva carrera hasta nuestra habitación. No pude evitar reír, y tras escuchar mis carcajas supo donde me encontraba y vino trás de mi, entré en la habitación pero el agarro mi cintura antes de que pudiera seguir huyendo y me tiró sobre la cama. Acto seguido se tumbo sobre mi y comenzó a besarme diciéndome cuanto me quería. Antes de que nos diesemos cuenta el tiempo voló y llegabamos tarde al concierto de "La Fuga", cogimos nuestros abrigos y nos dispusimos a ir hasta el local donde tocaban pero mi tripa hizo de las suyas. Tenía hambre. Cuervo insitió en llevarme a un restaurante e invitarme a cenar, a lo que yo respondí que simplemente, quería una hamburguesa. Recuerdo que se rió. El pensaba en un sitio bonito y tal vez un poco romántico, pero yo en cambio, le ofrecí un restaurante de comida rápida donde había niños corriendo entre las mesas. Aunque os cueste creerlo resulto romántico. Verle reír solo por observar como me comía unas patatas o decirme cuanto me quería por hacer el tonto metiéndome pajitas en la boca.
Cuando acabamos de cenar tal vez ya era demasiado tarde como para acudir al concierto, pero siéndo su tio el cantante deberíamos hacer aunque fuese, media hora de acto de presencia. Al llegar allí noté la potencia del rock and roll en todo su ser. Mi corazón latía al son de los golpes de la batería. Cuervo me abrazaba por la espalda, y a su vez cantaba cada canción en mi oído causandome escalofríos en cada palabra que me susurraba. Al acabar el concierto y hablar un rato con el cantante principal bebimos unos chupitos y fuimos al hotel, aun nos quedaba mucho por hacer.
A la mañana siguiente decidímos despertarnos a las 7 para ducharnos juntos, dar una vuelta por Vigo e ir a las 10 a la estación donde me recogería el bus que me llevaría a Ponteareas. Por desgracia, el despertador no sonó y cuando abrimos los ojos el reloj ya daba las nueve y diez. Nos vestimos en vente minutos y cogímos un taxi que nos llevói a la estación en diez. Eran las diez menos vente, no teníamos tiempo para llevar nuestros planes a tiempo así que fuimos a desayunar. Cuando llegamos al bus era la hora y el conductor me hizo un gesto que me indicaba que iban a salir ya. Le besé y le dije que le amaba, y antes de irme y tardar meses en volvernos a ver me prometió volver, volver por mi.
Después de eso solo recuerdo llorar, llorar hasta que mi movil sonó y escuché su voz através del auricular diciéndome "No llores princesa, volveré".

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