martes, 14 de agosto de 2012
comienzo-
Pensé escribir una gran historia, una de esas que hablan de amores imposibles y de miradas furtivas en pasos de cebra. También de aviones que pintan un corazón en el cielo mientras una pareja se pide matrimonio. Pero las cosas se torcieron, y acabé aquí, con una botella de ron, unas cajetillas sueltas de mi marca favorita y mi maquina de escribir. Así que miré por última vez la habitación y centré mi mente en lo ocurrido, en lo que de verdad quería plasmar.
Todo comenzó un día cualquiera, no era una fecha especial, los pájaros se posaban en los cables de teléfono, los niños jugaban en los parques.. Todo era como debía ser. Hasta que la tormenta comenzó a empapar mis baqueros y me metí en el primer bar que encontré.
Allí estaba yo, sentada en aquel taburete, mientras esperaba una ayuda... una señal de que todo iba a ir mejor y entre la multitud y el sonido constante de cualquier bar lleno de jovenes menores de dieciocho. Una sonrisa se cruzó con mi mirada y un chispazo rompió el constante murmullo de voces ajenas al mundo que, a partir de ese día, consturiríamos juntos.
Se acercó, y algo se disparó. Tal vez fue mi cabeza por tener tantas pregunta sin resolver "¿Dónde has estado toda mi vida?", "¿Quién eres?","¿De dónde has salido?", "Dime que no te irás...". O tal vez fue mi corazón, que tras aquel chispazo, sufrió una sobrecarga... No se, tal vez fueron nuestras almas al juntarse para siempre y no volverse a separar... Como si fuéramos dos imanes, que al rozarse, una fuerza más poderosa que el dolor que yo sentía en mi interior llegó a unirnos. Tal vez ese "Pum" pertenecía a un disparo. Un disparo seco, lleno de fuerza y rápido... algo fuera de lo común.
Un disparo que en vez de matarme revivió esa sonrisa que a mi tanto me costabas sacar a pasear estas últimas semanas. Fue perfecto... fue conexión o tal vez algo que simplemente no me debería molestar en intentar describir con palabras.
Dios mio, recuerdo aquella fecha como si jamás hubiera ocurrido. ¿Cómo alguien puede causar tanto daño como para hacerme sentir auténtica indiferencia?.
Esa noche no volví a saber nada más de el, ni a la semana siguiente. Pasaron las horas, los días... el paso del tiempo hizo que en mi cabeza solo fuese un vago recuerdo de un sentimiento ya apagado. Y cuando creí a ver superado aquella obsesión avisté sus rizos a lo lejos y el se quedó quieto, mirándome. La calle era nuestra, solo existíamos ambos en el mundo. Tenía la piel de gallina. El miedo a lo que fuese a ocurrir se palpaba en el aire y el... el me miraba. Yo era feliz, a pesar de todo esa sonrisa seguía en mi rostro. Sí, era completamente libre... estaba aferrada a el, pero era libre. Me besó. Besos cortos, sin sentido. Besos de miedo, besos de cariño, besos de confianza... y cuando pensé caer rendida se río. Mi extravagante risa también salió a relucir rompiendo por. completo cualquier momento entrañable. Me miró y me volvió a besar.
-Te quiero.
Y allí, entre la oscuridad de la noche... nos volvimos uno en dos.
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