jueves, 2 de agosto de 2012

Solo te necesito a ti.

Y así fue como me puse mi vestido blanco, mis tacones cristalinos y me cepillaron el pelo durante horas. Intentaba tranquilizar mis lágrimas, el rímel era bastante caro. Quería estar guapa para la ocasión. Cogí su brazo y comencé a caminar por el pasillo. De pronto, todos se dieron la vuelta, me observaban llegar desde sus bancos. Me comencé a sentir incomoda, miré al suelo y entonces mi padrino susurró las palabras acertadas "solo mírale" Alcé la vista. Allí estaba Mirlo. Con corbata, traje y hasta peinado. Su mirada rebosaba alegría, su sonrisa me pedía matrimonio. Me sentí bella, me sentí querida. De pronto llegué, quise besarle, abrazarle, decirle que me amaba... pero no podía. La ceremonia tenía sus puntos. Sus pautas. Me cogió de las manos, las acarició, y dejó caer una lágrima sobre el altar. Ahí fue cuando entendí que no podía ser más afortunada.

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