Mi corazón era una bomba de relojería. Era demasiado frágil para bombear cinco mil litros de sangre diarios y demasiado incauto para amar con tal fuerza e inexperiencia. Sentí como se paralizaba poco a poco, hasta notar un golpe fuerte en el pecho. Dejo de latir, dejé de mirarle. Morí.
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