miércoles, 1 de agosto de 2012

Solo tu, ni el, ni nadie.


Y fue en ese momento cuando sentí que mis pies se elevaban, se separaban del suelo, mis manos se alzaban hacia el cielo y miraba la ciudad bajo mi. Estaba en lo alto del edificio, miraba todos los rascacielos, las calles, los parques, los colegios, miraba la vida de los demás desde allí arriba. Entonces, cogí aire, y grité fuerte
-Me he enamorado.
Escuché un portazo tras de mi, era el, con su sonrisa extraña y su pelo despeinado, Se acercó a mi, a mis labios. Nos quedamos mirándonos unos segundos y entonces me besó. Le aparté y dejé de mirarle, mis ojos buscaban una salida. Tal vez hubiera sido buena idea tirarme desde aquella azotea, pero tocaba ser sinceros.
-Te he olvidado. Le amo.
Se quedó en silencio, le conocía, cambiaría de tema, me miraría mal o no me hablaría hasta que yo diese el paso. Preferí no descubrir cual sería su reacción esta vez, le abracé. Comenzó a sonar fuerte el viento, nos abrazaba, tocaba nuestros cuerpos, los acariciaba, jugaba con nosotros, se llevaba mis sentimientos lejos hasta llegar a Mirlo, y posaba mi beso en sus labios, pues la distancia, solo era cuestión de kilómetros, y yo tenía el viento a mi favor. Separé a Cristian y me fui. Le escuché balbucear algo a lo lejos. Pero preferí continuar con mi vida, con mi verdadero amor.

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