miércoles, 1 de agosto de 2012
Los días pasan, las nubes se van.
Había llegado pronto a la estación. No quería que me tuviese que esperar en una ciudad desconocida. Su tren no daba llegado, y los nervios comenzaban a apoderarse de mi cuerpo, mis piernas temblaban. No era capaz de hablar, y ni siquiera recuerdo como era mi respiración. Entonces avisté un tren acercándose a lo lejos. Mi corazón comenzó a latir fuerte. Jamás noté tal rapidez. Era algo increíble, pensé que moriría allí mismo. Pero no estaba dispuesta a perderme nuestro primer beso. Comenzó a bajar gente de todo tipo, altos, bajos, tristes y felices. No le encontraba. Miré a todos los lados, esquinas y puertas, pero no estaba allí, mis ojos comenzaron a encharcarse, no estaba. No comprendía que había ocurrido. Y entonces noté su abrazo. Sentí sus brazos rodeándome por detrás. Y supe lo que era la verdadera felicidad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario