
Desde pequeños pedimos tonterías como una muñeca o un helado que según nosotros nos hará "ser felices", al ser adultos nuestros sueños o deseos son más estupidos...Ascensos, subida de sueldo, un coche nuevo... cosas sin importancia y nos olvidamos de lo que de verdad valía la pena, aquel columpio que tenía el hijo del vecino, una lluvia de verano o un amor, de los de verdad, de los que te hace volar y acaban con un "comerán perdices".
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