Llevaba cuatro días sin saber de el, así que se armó de las pocas fuerzas que tenía resguardadas de la tormenta y salió a la calle. Comenzó a andar, las calles estaban encharcadas. Hacía viento y su mano se tambaleaba solitaria. De pronto comenzó a llover, se resguardó en el bar más cercano y allí, bajo el toldo descolorido de la panadería del barrio estaba Angel. Se acercó con cautela, y con el miedo en las piernas, dudaba si temblaba del frío o del temor a perderle.
-Quiero verte al rededor.
Angel la miro, "si las miradas matasen" pensó Shopi. No tenía oportunidades, no tenía nada que perder así que simplemente le hizo una última petición antes de aquel adiós.
-Cántame.
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