martes, 14 de febrero de 2012
Catapum,
Y así hizo todo, catapum. La habitación quedó vacía, no quedó nada. La jaula de las golondrinas se había abierto y todas se escaparon libres, sin importarles sus amadas parejas de infinito amor. Parecía bonito, como palomas de la paz que volaban en libertad, pero un oscuro dolor anidaba en el batir de sus alas. Ya no escuchaba los camiones pasar desde el balcón, el mundo parecía vacío. Tal vez se había acabado, ya no había dulces mañanas soleadas ni tardes de noviembre lluviosas. Cogí un cigarrillo del cajón secreto de mi mesilla, de esos que guardo para ocasiones especiales, lo encendí y eché todo el aire en silencio, con lentitud. Sonreí, la calma llegó.
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