Solo es un infierno sostenido por el miedo a equivocarnos.#
El hablaba, de echo, parecía que era lo único que hacía últimamente. No era capaz de centrarme en sus palabras, ni en sus caricias, ni en sus besos repentinos. No, no podía. No era una prioridad, ya no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario