Y por fin llegó el día, el día en el que nuestros labios se cruzarían al pasar.
Llegué al bar, nuestro lugar de encuentro cotidiano. No llegaba, los nervios me jugaron una mala pasada, comencé a pensar que no vendría y entonces, allá, en el horizonte vi una sonrisa revivir mi latir. Me tiré en sus brazos. No sabía el porque, ni me importaba. No buscaba nada, solo silencio, solo su calor y entonces nos interrumpieron.
-Chicos! y vosotros dos?- Dok me dió con el codo mientras me guiñaba un ojo, iba con todos; Julio, Sam, Nuria...- últimamente estais muy juntos no?- Una sonrisa picante cubrió su cara. Y un color rojizo a su vez mis mofletes.
+Ya ves, debe ser amor- Angel pasó su brazo por encima de mi hombro, me guiño un ojo y sonrió. Echandome por último una mirada complice que me hizo entender que todo era una broma por la que mis ilusiones no tenían que venir a acompañarnos.
-Bueno! vamos vamos!- Dok nos empujó hacía el interior del local, cuando por fin estabamos dentro me percaté del lugar ocupaba su mano, sosteniendo la mia. Como si el mundo se pudiera parar con ese gesto cogí aire y le observé.
El local era pequeño, constaba de unas cuantas farolas, pinturas de calles perdidas por las paredes y un escenario en el centro que jamás era utilizado. Había dos futbolines a distintas alturas y unas cuantas mesas de madera esparcidas.
Cuando me di cuenta Angel ya no estaba a mi lado, si no Sam. Un chico guapo, de piel morena y un encanto bastante peculiar. Sus palabras no eran de mucha importancia; se basaba en lanzar piropos y hablar de sexo. Haciendo preguntas absurdas a las cuales no solía tener respuesta mientras yo solo tenía una cuestión ¿Dónde está Angel?. Entoncés decidí ir a buscarle pero Sam no me lo permitió, me empotró contra una mesa y práctico movimientos sexuales conmigo en medio del bar. "Menudo cachondeo" Pensé en el momento, así que le seguí el royo. Una broma picante, pero inocente a su vez. Cuando rematamos me eché a reir y de pronto mis ojos se cruzaron con los de Angel. Pero esta vez, no fue conexión lo que sentí.
Me quedé blanca... Si las miradas matasen!. Me fulminó. Mi pecho volvió a estar vacío, y mi boca se quedó seca, sin palabras, pero no fue nada en comparación a lo que quedaba por venir. Se dió la vuelta y se fue, sin decir nada, sin pedir explicaciones o reprocharme algo. Corrí hacia el y le paré.
-Angel...- Me apartó, con fuerza, empujandome contra la pared.-Angel! porfavor!.
Se dio la vuelta, y se quedo observandome de arriba a abajo. Esperando que hablase, que dijese algo que nos pudiera salvar.
+Te... te pasa algo?- Comencé a tartamudear. Su expresión de duda constante y enfado me comenzaba a mosquear.
-Vamos.
-A donde?
-Caminar, quiero estar solo contigo.
Salimos de allí, la calle estaba oscura, había comenzado a oscurecer el frío hizo presencia en el guión.
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