jueves, 12 de julio de 2012

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Mis suspiros, que se atrevían a ir al compás de sus caricias, comenzaron a ser rápidos, suaves, constantes.. Y sus labios se clavaban en mi piel dando lugar a gemidos silenciados por el miedo a que nos descubrieran. Mis piernas rodeaban su cuerpo desnudo mientras nos volvíamos uno en cuestión de movimientos.

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