Estaba cansada de las resacas, de los amores no correspondidos y de los pulmones encharcados de nicotina. Estallé. No aguante su mirada perdida, ni la vida que estábamos derrumbando cuando un día la construimos juntos. No me hice la fuerte, ni el. Solo respiramos hondo y lloramos. Hasta que el teléfono se colgó, y entonces fue cuando lo entendí. Comenzaba a escuchar ese "adiós".
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