jueves, 12 de julio de 2012

Y es que ahora soy una superviviente,


Y con las pocas fuerzas que quedaban en mi cuerpo volví a casa, no sin antes desgarrar los pensamientos en un bar cercano.

La noche era mia y la luna quería bailar un bals. Una orgía de sentimientos se apoderaban de mi cuerpo. Llegué a casa y dejé caer todo mi peso sobre el colchón. Llevaba aun mis pantalones baqueros. No era mi pijama habitual pero mis ojos se cerraron antes de poder si quiera volver a respirar el putrefacto aire de mi habitación.El despertador rompió mis sueños la mañana siguiente. Una resaca se dueñó de mi. Todo sonaba fuerte en mi cabeza.

Ya en la cocina preparé una taza de café y me dispuse a leer la página de fallecidos en el pariódico, con suerte, Angel estaría allí.

Hacia ya tres meses que me dejara con lo puesto; dos botellas de ron, media cajetilla de tabaco y un millón de dudas al contado. ¿Hubiese preferido encontrar su nombre en las esquelas? Tal vez. Pero por suerte, o desgracia, no se encontraba allí. Llevé mi taza hasta la sala de estar. Me senté en mi butaca favorita frente al ventanal intentando concentrarme en recordar lo que había sucedido anoche, pero no medió tiempo ni a disfrutar de un sorbo. Mi timbre sonaba, allí llegaba Paul con noticias frescas. Sus cotilleos, casi ciertos, dejaban mucho que desear, pero estaban bien para pasar el rato tras una noche de aventuras olvidadizas.

Se sentó frente a mi. Sin su sonrisa mañanera, ni mis magdalenas con virutas .

Me miró fría, como si su boca se hubiera congelado y sus palabras se hubieran quedado atrapadas en su cuerpo inerte, pero entonces consiguió vocalizar unas palabras tartamudeantes.
-Ayer me pidió matrimonio.
Supongo que en el momento no imaginaba los problemas que me podrían llegar a causar esa conversación, pero con una sonrisa tenue y sincera respondí- Pero eso es maravilloso!
Se sentó, parecía inquieta, incluso más de lo normal. La conocía desde primaria y nunca había estado tan asustada, tan incoherente. Así que sostuve sus manos y la reconforte entre mis brazos, pero su corazón empezó a ir más y más rápido.
-Le he respondido que no.
Llevaban cuatro años juntos. No seguidos, pero eran la pareja perfecta. No entendía que le había pasado por su mente para decir que no, pero suspiré y la miré. No hablé... solo esperé una aclaración.
-Sofía, se ha suicidado.
Mi expresión fácial dijo más que cualquier valbuceo que pudiera salir de mi boca.

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