jueves, 12 de julio de 2012

Miau.


Cuando abrí los ojos Mirlo ya no estaba enredado entre mis brazos, cubierto por mis sabanas.Miré mi habitación, sus maletas habían desaparecido, y la ventana estaba abierta de par en par. Como un fugitivo huyendo de su prisión. Se había ido. Las agujas del reloj controlaban el compás de mis lágrimas. Y mientras observaba la ventana,pensando que en estos momentos ya estaría surcando los cielos no pude evitar decir un te amo. Un te amo que jamás escuchó.

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