Calculo tus pulsaciones y las subo poco a poco mientras mi camisa desabrocha los últimos botones. Me miras y acaricias mi cintura. Una lágrima empieza a escapar de mi mirada asustada y tus ojos no pueden resitir el dolor. Llueve.
Me abrazas, tal vez nunca debí haber ido a ese lugar. Cerramos los ojos y noto como tus megillas son circuitos de lágrimas inocentes. Te quitas la camiseta e intentamos continuar, es demasiado. Me tumbas y se para el tiempo. Nuestros cuerpos no actúan, solo nuestras almas hablan. La oscuridad envuelve la habitación y tu mirada brilla en esta noche. A la mañana siguiente te fuiste, nunca fui capaz de despedirme.
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