El humo de mi cigarrillo llenaba el aire de mi habitación y colapsaba mis pensamientos. Cogí la última botella de ron y de un trago hundí todos los problemas que ocultaba mi piel desnuda. Mirlo, dormido a mi lado parecía tranquilo. Hoy se iba, y yo, pobre de mi, intentaba reprimir mis ganas de gritar, llorar, correr... Pero preferí quedarme quieta, observándole. Observando mi último amanecer junto a el.
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