Subió al estrado y mantuvo silencio. Tal vez, incluso, ni respiro. Todo se esfumo de su cabeza, de sus recuerdos, las manos le comenzaron a temblar y un tartamudeo inoportuno cubría el argumento que intentaba dar. Nervios. Patosa inseguridad desafortunada. Cerró los ojos e intento escuchar al abogado, pero su mente no paraba quieta, comenzó a recordar lo ocurrido en los últimos meses; Peleas, gritos, puñetazos... insulto, maltrato, odio.. Pero todo se podía resumir en algo tan fácil como :Miedo.
Miedo al mañana, al siguiente y al después. Miedo a ese juicio, a perderle, pero más a seguir con el. Miedo, al dolor, a la muerte. Entonces volvió al presente, el la miraba desde su mesa, callado, frío. Parecía calmado, pero ella sabía lo que pensaba en realidad. Las mil torturas que recorrían su mente. Miró de nuevo al estrado, al juez, a los abogados y respondió las preguntas mirando al suelo, fuerte, pero con miedo.
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