Al verme sola se que sí.
Cogí mi botella de ron y una o dos cajetas de Chester. Lo suficiente para pasar unas horas fuera de casa. Metí todo en mi bolsa y cerré la puerta de la calle. Las farolas ya se habían encendido. Parecían pequeñas luciérnagas jugando en mi pequeño cielo oscurecido. Cogí el primer cigarrillo de la noche y eché una calada al aire, dejando que la nicotina recorriese mis venas y mis pulmones se llenasen de "aire fresco".
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