No me preguntes proque, saltamos del tren.
Calada a calada iba deshaciéndome de cada uno de mis pensamientos intentando no pensar en nada más que ambos dos. El y yo. Nosotros. Puf, sonaba tan puro, verdadero y sincero... El cielo comenzó a teñirse de oscuridad con pequeños parches estrellados que iluminaban la ciudad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario