lunes, 30 de abril de 2012
Empecemos con un par de besos.
Estaba tumbada. Con unos calzoncillos negros y un sujetador de lunares color pastel. Entonces comenzó a acariciar mi pierna mientras besaba con suavidad mi espalda. Me volteó y se colocó sobre mi. Caricias, mordiscos... y uf, ahí aparecía la piel de pollo. Sonreí. Le besé con fuerza agarrando su camiseta la cual tardo poco en caer al suelo. Pero otro cambio de posición hizo presencia en aquella cama. Mientras el se tumbaba y me miraba desde abajo yo abría mis piernas colocando su cuerpo entre ellas. Entonces, agarró cada uno de mis muslos con las manos y yo continúe bajando mi mano hacia su pantalón. La cama ardía, nuestros cuerpos vivían y nuestras almas se enamoraban.
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