lunes, 30 de abril de 2012

Anda llorando la libertad.

No podía caminar. Mis pies estaban clavados en el suelo, como si mi cuerpo se uniese a la tierra y mis lágrimas al mar. El cielo comenzó a oscurecerse, y las aves no podían volar entre tormentas de mi lagrimal. Pedí auxilio pero nadie lograba escucharme. Asi que intente agudizar yo misma mi oído. Entonces, escuché unos llantos de fondo. Era ella, la libertad; Sola, rota, atada... entonces, murió.

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