lunes, 30 de abril de 2012
Merry me.
Tic, tac, tic, tac... mi reloj adelantaba el momento de su llegada al aeropuerto. Cuando el panel bajó y sus pasajeros comenzaron a caminar mi corazón se deslizó hasta la pasarela de la estación. Entonces mi mirada chocó con sus ojos. Una sonrisa cubrió la tarde y su paso apresurado logró desvanecer toda duda de que el y yo fuesemos destinados. Habíamos nacido para volar a ras del suelo en este beso que uniría nuestras almas. Se acercó, sostuvo mi cabeza y acercándose con lentitud rió. Y de pronto, pum. Cuatro meses de esperas, sueños e imaginando esa maldita situación. Sentí una presión fuerte en el pecho, como si hubiera parado de latir, de respirar, de vivir... solo observaba su belleza.
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