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Caminaba. La noche empezaba a hacer presencia en el escenario y un viento suave comenzaba a arroparnos, pero no me importaba. Estaba con el. Comenzamos a caminar mientras Mirlo ojeaba mis pisadas, irregulares, temblorosas, esperando un beso, uno de esos que me paralizan y crean la sensación de volar. Entonces sus ojos buscaron los mios, y un sentimiento suicida dió lugar a un adiós, a una distancia.
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