Parecía fuerte. Aguantaba las lágrimas, con fuerza, intentando que se quedasen conmigo, que no me dejasen sola. Y entonces, apareces tu. Sonó el teléfono y me arropaste con palabras insufribles, inesperadas... me cubriste entre tus brazos sin llegar a tocarme.
Tenía miedo. El mundo se acababa y entonces, llegaste tu. Como una gota de agua en el desierto. Como una rosa roja en un prado lleno de ortigas. Y con una risa dulce y los te quiero's necesarios arreglaste el jardín, floreció la primavera.
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