Removí el té con una sonrisa, como si el mundo se pudiera acabar, y mi felicidad fuese a seguir intacta.
-Vale, dímelo ya, ¿Qué ha ocurrido?
Miré a Claudia con verguenza, como si me costase hablar.
+Hoy me ha llamado... y... su voz es preciosa-Sonreí y recalqué con fuerza- PRECIOSA.
Su cara fue graciosa, entonces, se echó a reir- Enserio? a la de quien se parece?
+A nadie, a ninguna, es única. Es suave, como la de un niño... pero sin ser aguda. Es dulce y calida... y su risa, puf. Era como una caricia. Le quiero, le quiero mucho.
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